Selección Argentina: La mano del Hombre




AUTOGOLES. EL POPULISMO POLÍTICO Y EL DESARRAIGO DE SUS ESTRELLAS COMO LOS GRANDES MALES DEL FÚTBOL ARGENTINO


Argentina estuvo a punto de quedarse sin ir al Mundial de Sudáfrica 2010, una tragedia nacional que evitó apenas con dos triunfos agónicos sobre dos rivales de debilidad extrema como Perú y Uruguay. Aún con Messi en la cancha y Maradona en el banco, todas las miserias del equipo argentino han sido desnudadas en estos partidos de eliminatorias. Desde Buenos Aires, un análisis sobre los contrastes de una crisis que sigue en el fútbol albiceleste, incluso más allá de las canchas, de la suerte del Diego y de las peripecias de los resultados
.


Por RUBÉN MIRA

"Fue la mano de Dios", dijo Diego después del gol con la mano a los ingleses en México '86. "San Palermo", canonizó al goleador de último minuto recién terminado el partido entre entre Argentina y Perú por las eliminatorias. Del elegido universal al milagrero de entre casa. Tal parece ser el trabajoso declinar de la poética sacra maradoneana. El esplendoroso pícaro y feliz campeón mundial en 1986, ahora arrastra la panza en la lluvia, festejando un gol en offside, contra el equipo B de Perú, ya eliminado. Pobre Maradona, o pobre Argentina. Es lo mismo. Porque en estos tiempos la figura del 10 y el rostro de la patria gaucha vuelven a superponerse en una mueca dolorosa. Argentina ya está dentro del Mundial de Sudáfrica 2010 tras los agónicos triunfos sobre Perú y Uruguay, sin embargo, el resultado sigue siendo el mismo: un fracaso.

LA NOCHE DEL 10
Contra Perú y después Uruguay, Argentina no fue un equipo, ni siquiera fue una suma de indivi-dualidades, fue un rejuntado. Es decir, la imagen futbolística terminal que adquiere un fracaso. ¿Y por qué puede resultar interesante, entonces, husmear más allá de la evidencia? Tal vez porque en el fracaso argentino hay un dramatismo capaz de representar todos los males del fútbol periférico de Sudamérica, es decir, todo nuestro fútbol, menos Brasil.
Porque en Argentina, la identidad nacional, el sentimiento de pertenencia a una patria, no es el fundamentto del orgullo de vestir la camiseta del seleccionado del seleccionad, sino todo lo contrartio: la única idea de patria posible, la única argentinidad accesible. depende de la identificación que produce la camiseta de la selección. Un dramatismo que convoca como nadie la figura de Maradona.

No fueron motivos futbolísticos los que le abrieron la puerta de la selección como entrenador. Maradona fue un mal necesario para un complejo entramado de intereses corporativos y personales. Pero Maradona una vez que llega, maradonea. Empezó cuando defenestró públicamente a Riquelme, tratándolo poco menos que de ser un desastre y provocando la renuncia del 10 de Boca. Siguió con la insistencia de poner a la fuerza a Óscar Ruggeri como su ayudante técnico, haciéndolo entrar clandestinamente al predio de la Asociación de Fútbol Argentino (AFA), pese a la oposición de la dirigencia. Para colmo, vino el 6 a 1 en Bolivia y no pudo echarle la culpa a la altura. El propio Diego había sido el principal apoyo de la lucha de Evo Morales por mantener el derecho a jugar en la Paz que le había sido negado en un principio por la FIFA

Pero el maradoneo incluye, también, la aplicación dura de las leyes maradoneanas. Entre ellas, la defensa del jugador como el elemento sano y noble del fútbol. Un profesional que, al ponerse la camiseta de su país, deja todo de lado y se transforma en un servidor público, un superhéroe de la patria. Maradona se construyó a sí mismo en torno a esta ley y esa ley le dio el consenso en el pueblo futbolero para llegar a la selección. Había un diagnóstico previo: tenemos jugadores, pero no sienten la camiseta. El antídoto estaba cantado: Diego es la vacuna contra el virus de la apatía y el desinterés, el modo de inocular la pasión por una bandera hecha camiseta o viceversa. El propio Diego confiaba en su capacidad de inoculador para resucitar a los muertos y echar a andar un equipo. Pero la inoculación no ocurrió, no podía ocurrir. A quellos jugadores que Maradona quiere defender no están adormecidos debajo de la piel de las megaestrellas del futbol transnacional, aquellos jugadores hoy ya no existen. Y menos mal que Perú y Uruguay no se dieron cuenta antes y no atacaron desde un principio, porque si no, Maradona se quedaba sin mundial, y Argentina, sin argentinidad.

KIRCHNER EN LA CANCHA
Los jugadores transnacionalizados no son ciudadanos. Son sujetos autoproducidos, matrizados lejos de cualquier idea de Estado y se valoran como el capital de su propia empresa unipersonal. Como Messi, la mayoría son grandes figuras antes de jugar en su selección y no como consecuencia de su participación en ella, casi no conocen, ni han vivido en su pais de orígen, esa fatalidad que se ha convertido en el portal para un pasar, lo más rápido posible, a un mundo mejor. El drama de construir una nacionalidad en torno a una camiseta les es cada vez más indiferente o abstracto como una idea, aún políticamente correcta, pero insuficiente para motivar una pasión.

Debió saberlo Diego mucho antes de asumir la selección. Pero sobretodo, debieron saberlo quienes lo propusieron al frente del combinado nacional, introduciendo con él el articulado pasional de un drama en lugar del tranquilo andamiaje de un negocio previsible y confiable, como lo hace Brasil, comprendiendo la la ley básica del presente: una selección no es un equipo, sino una asociación de empresas y más que un técnico, necesita un buen marketing y un buen gerente. Pero el manager de la selección argentina es Carlos Bilardo, el presidente de la AFA se llama Julio Grondona, el ambiente del fútbol argentino atraviesa la "chavización" de la pelota que impulsa el gobierno del matrimonio Kirchner y en ese revoleo de conspiraciones y complots, Maradona no podía estar ausente.

Hasta hace no mucho, Kirchner querían echar a Grondona de la AFA, Bilardo conspiraba para ocupar su lugar y Grondona se apocaba en la férrea alianza mediática firmada con el multimedios Clarín gracias a la sesión exclusiva de los derechos del torneo de fútbol argentino hasta el año 2014, lo que le garantizaba un muy buen negocio a través de la televisación codificada. Pero los Kirchner quisieron darle una alegría a su pueblo, incluido el 70% que votó en su contra en las últimas elecciones, y llevar su acción de gobierno liberador al fútbol. Arreglaron con Grondona la ruptura del contrato que el mismo presidente de la AFA había firmado y más de 150 millones de dólares anuales pasaron de las arcas públicas a la caja de Grondona para permitir un continuado interminable de partidos que, bajo el título de Fútbol para Todos, se emite, supuestamente gratis por la televisión pública pero que indirectamente pagan incluso los millones de argentinos que están por debajo de la línea de pobreza.

Fiel a su propia ley populista, Maradona aplaudió el anuncio de la presidenta argentina en primera fila, los Kirchner lo querían en el paquete y Grondona lo avaló. Perdió Argentina con Brasil, después perdió con Paraguay, Maradona se fue a Europa sin avisarle a nadie, para internarse en un spa con su novia y cuando volvió todo siguió mas o menos igual, a pesar de que Carlos Bilardo, devemidp en consiglieri de Gondona había intentado armar una lista propia de jugadores para las eliminatorias, declarándose heredero del trono en ausencia del rey. Fue el propio Grondona quien paró el golpe palaciego. Solo Maradona, con su dramática, podía ofrecer a la supuesta prensa seria argentina, enfurecida por los desplazamientos de poder, un foco de atracción capaz de diluir las responsabilidades propias. Por eso, y solo por ahora, siguió sentado en el banco y dirigió contra Perú y Uruguay.

NO LLORES POR MÍ
Maradona, que al comenzar su ciclo dijo que tenía una lista de 23 o 24 jugadores de la que saldrían los que irían al mundial, puso en cancha sólo a cuatro de aquellos pioneros. No convocó a Fernando Gago para poder convocar a Gonzalo Higuaín, ya que los dos jugadores del Real Madrid están peleados desde que el "Pipita" hizo uso indebido de la novia de Gago. Maradona amenazó públicamente con renunciar, juró fidelidad a muerte a sus jugadores en el vestuario y axial salió Argentina a la cancha. Del respeto por el jugador quedaba casi nada, la autoridad se había diluido en el chusmerío. Y la culpa, después, fue de la lluvia. Pobre Maradona, lo salvó el milagro de Palermo y después la mediocridad uruguaya. Pero pobre Argentina. De lo otro, de la improvisación, la mediocridad institucional y humana, de la ceguera del presente y la manipulación populista que arrastra hacia la decadencia, no la va a salvar un golcito en off side sobre la hora.Lo saben los italianos: ni siquiera la obtención de un campeoato del mundo puede revitalizar un fútbol corrupto, mediocre y absurdo, atravesado por las rencillas personales, los interéses corporativos y los manejos cuasi legales que lindan con las prácticas mafiosas. Un fútbol que, como el nuestro, no es más que una imagen proyectada de los males de las sociedades en las que vivimos.


Fuente: Somos, Diario El Comercio

0 comentarios:

Se ha producido un error en este gadget.